sábado, 20 de abril de 2019

Boa beat

BOA BEAT

Mis manos adormecidas de azafrán acunan a una boa gigante que pide entrar en el silencio crudo, en el color roto, con los ojos carcomidos de tiempo y cocaína.

Su boca abierta en la pared como un pez hambriento, esconde las plumas doradas de cuervos que utilizan los dioses como mensajeros.

Me confiesa la boa botando que el sol está hecho de pezuñas blancas con la piel enjabonada de aceite y los ojos secos de contemplar el espejo negro de las pupilas.

La luna agrietada se alimenta del palpito y grita rompiéndose que la poesía puede convertirse en una religión.

No daré el salto de fe.
No volveré masticar el tabaco de mi padre.
No beberé la luz de las bombillas led.
No caeré por el mismo agujero que Alicia, por el mismo árbol que Eva.
No andaré sobre la piscina de enfrente.

Mancharé las sábanas con mi sangre y después con agua caliente sobre el fregadero, bendeciré el rojo brillante que nunca nace, el rojo brillante de las que decidimos no ser madres,
el rojo brillante que habita entre dos paredes.

El rojo brillante de la vida y de la muerte.

I*

martes, 16 de abril de 2019

NOTRE DAME SE QUEMA



Los cuerpos de hormigón viven en la misma arena que pesa lo que alimenta la pena.
Nos duele más una orilla.

Contemplo el mar. No hay nada nuevo en las cenizas. El polvo hace una montaña de juegos invisibles y  todos regresamos al sabor salado de los incendios.

Notre Dame se quema.
Los muertos asoman sus extremidades, saludando.

Nunca llegaron a esta orilla.
Nunca vieron Notre Dame ardiendo.

Notre Dame se quema.
Los muertos asoman sus extremidades, saludando.

Nunca vimos los cadáveres del mar.
Nunca vimos los cadáveres de los gobiernos.

Contemplemos el cadáver de Notre Dame en hora punta, streaming, minuto a minuto.

Abracemos al horror vacui que toda la pena pesa ochocientos años.

Notre Dame se quema.
Los muertos asoman sus extremidades, saludando.

I*