viernes, 10 de agosto de 2018

ABORTO

Caen los últimos trozos de pan en la boca aguada del Monarca redondo. Y la prisa, prisa que te chafa y aplasta con un millón de papeles atragantados y sin picaporte con un rayo de perfume atravesando tu preciosa aura impoluta de recetas médicas. Lo han escrito por las paredes de la ciudad. Están llamando a las puertas de las casa, van a ser puestos en cuarentena. Que nadie secuestre nada, ya lo hace la muerte por todas nosotras. Freud se sienta. Me mira. Soy una histérica, la hija suprema de las perras. No debería abrir mi barrera roja pero quiero que entre una masa de pelo moldeado en la pistola de tus piernas. Poesía. La venas desgastadas del viento. Se aparece la Virgen ha tenido un aborto. Fundido en negro. Llámame cuando puedas quiero tu lengua lenta saborenado el eclipse violeta del cosmos materno. Pero no se puede atravesar el vagón de tren sin gritarles a todos esos hijos de puta que andan con fajos de billetes y heroína. Lotería fresca y cinco manzanas podridas sobre la mesa, puestas en cruz. Puestas en cruz.

I*

KINTSUKUROI (tatuado en mi brazo)


En el recinto cerrado del tórax junto a las cerillas húmedas,
en el lugar de peregrinación vertical lleno de serrín sucio y fábricas de leche, allí
vas a encontrar unos zapatos vacíos, dos manos de metal y tres cigarras en un concierto de jazz.

No me llames por mi nombre.
No es mío. Los nombres dados no nos pertenecen.

Mudamos la parte más extraña de nosotros en bien del ojo atornillado porque las paredes vacías tienen la belleza del opio. Y en tu boca la droga resbala y mi clítoris pestañea hasta silbar oscuridad.

El ancla azabache se clava en la parte más honda del estómago haciendo del cosquilleo con piel de dardo un abrazo de azulejos perdidos. Toma. Aquí lo tienes. Coge tu trozo. Coge tu dardo. Ahora date la vuelta.

Ahora sí.

Apaguemos el interruptor y construyamos un mosaico. 


Y DIOS DIJO

Regresa el musgo a crecer en papel pero no
regresa American Beauty ni el vaivén del tráfico. Compulsivamente masticamos polvo y glutamato mientras el olimpo nos envuelve caca al cincuenta por ciento de descuento. Y joder, como le gusta la coprofagia a los símbolos pero tus aullidos etílicos en mis trompas hacen música new age en el Dharma. ¿Ves qué fácil? La seguridad es seguir la norma y la norma es un niño sin pito muy esquelético con manchas verdes sin luz ni párpados ni palabra. Y Dios, Dios desnuda con tres perros mamando, sin las cejas depiladas y con cuatro cigarrillos en sus cuatro manos dijo: 《Apagadlo todo que las plumas os crecen en el punto rojo de la frente, allí dónde quemé los aerosoles del último yonki》.

I*