lunes, 4 de junio de 2018

RELÁMPAGO



Estamos abrazados al aliento del relámpago,
en las comisuras de libros ahuecados con tez muerta,
tras una deidad oculta en cuerpos domesticados por la palabra.

He descubierto que vivimos en la casa roja y sus ventanas abiertas están agrietadas por el silbido de sangre nómada.

En lo que dura un pésame crecen lenguas arrancadas de sus maceteros y los gatos las persiguen en el olor a quemado que deja la lluvia.

Sobre la piel del rayo se abre paso una voz tibia que acaricia cabinas telefónicas y tinte para zapatos.

El aliento del relámpago nacido de una arcada en infusiones de liendres y el habla oscilante de los huesos que dormita el calor añil del fuego.

Porque el perro azul nos protege de una libre condena que los antepasados trazaron en las líneas de la mano.

Me convierto en túneles de hierba y masa ósea de respiración mecánica alimentada del champú que viste océanos.

Y después de barrer todos los lados del estómago, con trozos de cristal en el pelo y jardines brotando en botones,
vuelvo para enhebrar otras huellas y aprender lo que nadie enseña.

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