viernes, 20 de abril de 2018

Adentro



Nos doblamos sobre los cauces chirriantes de avenidas dejando marcas en la piel de árboles prefabricados que anidan en pequeños restos de una mandíbula doblada sobre sí, haciendo de la dentadura el rincón perfecto donde morir.

Elegimos doblarnos hasta ser el lápiz que perfora pezones, la astilla de la memoria enferma, los puntos de sutura mal enhebrados que saltan en ese calor oscuro al rozarnos.

Nos arrodillamos sobre el manto negro de la tierra recién movida que escupe en sus manos el humo blanco de lo que fue un cuerpo, lo que fue recipiente de encías nómadas y uñas blandas.

Hemos creado un puente ungido de fluidos vaginales con todas las niñas sin vida asomando sus brazos y piernas, pidiendo a gritos la bendición sagrada de los astros porque ellas no eligen ni se arrodillan, ellas en su agonía se doblan y solo piden que la luz no se encienda.

Descansemos las rodillas no elegidas, la doblez de los intestinos enredados, el aliento seco del féretro. Descansemos sobre compresas de silencio que a veces el grito enmudecido llega más adentro de los muertos.



miércoles, 11 de abril de 2018

El pecho desalambrado

Dejamos la bolsa a orillas del container que exhibe sus rostros color droga y en el fondo se hunden tres perras todavía desbordando sal rosada por las mamas.

Nos preguntan dónde alcanzan las pisadas de los que clavan la tierra más adentro de los huesos, de los que tenemos arcilla por arterias.

Nos damos la vuelta arrugando el rostro que se nos ha dado, pensando en las miles de caras que podriamos haber tenido.

Nos damos la vuelta porque tu voz recoge los restos en la gruta convertida hocico, en las compresas empapadas de rocío, en esas mañanas que las cajoneras cerradas nos muerden las uñas.

Parece que necesitamos una respuesta y es que no hay alunizaje tan grande para romper el embalaje del mundo por eso nos recostamos en el pecho desalambrado que como un relámpago dormido nos desviste a la intemperie para retroceder eternamente a la implosión del abrazo.