jueves, 29 de marzo de 2018

Proporciones


En el fondo del pubis hay una columna vertebral donde los desconocidos se convierten en familia y el aliento descalzo de las niñas cubre los rostros con cirios rosados que arrastran sobre carne avivada.

A lado de los márgenes, en el hollín de la no respuesta, en el brazo de la música no pautada, detrás de todo eso hay terrazas de hojas blanquecinas y otros niños despeinados con sus madres roedoras olfateando sin descanso el cabello traspuesto.

El regreso es un intermitente extraviado en este lugar hostil donde aniquilan toda ninfomanía publicitaria y el mejor whisky se sirve en los desayunos escolares.

Sácame de aquí,
que mi sombra ya no es mía porque de tanto pisarla la he matado y desesperada me poso como un escupitajo asustado en tu costa punzante.

En el fondo del pubis hay una pila de cadáveres sin nombre y sin mandíbula pero son los dientes quiénes me han enseñado que el valor de la muerte es proporcional a su cercanía.

Habitamos en lo ajeno.

I*

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