jueves, 29 de marzo de 2018

CONTRACCIONES



Nacidas en el barro sobre horizontes de crucifijos metálicos con los nudillos desgastados de acariciar el lomo ahumado de las nubes.

Nacidas en el seno negro de la plata deslucida, dentro del polvo acumulado sobre el ácido de la orina, en el lienzo bautismal de los huesos.

Nacidas entre amasijos de cables hacinados sobre fachadas vírgenes que fusilan sostenes en sus cauces desterrados.

Nacidas en la amarillenta mecha que amamanta esfinges sonámbulas en campos de trigo jamás arados.

Nacidas en bocas enllagadas de almíbar y granos de café que acurrucan legañas  donde se esconden cementerios de árboles.

Nacidas en mástiles desnudos sobre el canto tembloroso de perros ahorcados con bolsas de plástico en el hedor de la periferia.

Nacidas en el grito sordo de linternas apiladas que centrifugan rostros hasta dejarnos de regreso al ombligo recién cortado.

Nacidas para no seguir naciendo en una tela angosta de nada.

Nacidas para seguir naciendo sobre los recovecos de una costilla que siempre fue NUESTRA.

I*

PARA Kittihawa du Sable.

Proporciones


En el fondo del pubis hay una columna vertebral donde los desconocidos se convierten en familia y el aliento descalzo de las niñas cubre los rostros con cirios rosados que arrastran sobre carne avivada.

A lado de los márgenes, en el hollín de la no respuesta, en el brazo de la música no pautada, detrás de todo eso hay terrazas de hojas blanquecinas y otros niños despeinados con sus madres roedoras olfateando sin descanso el cabello traspuesto.

El regreso es un intermitente extraviado en este lugar hostil donde aniquilan toda ninfomanía publicitaria y el mejor whisky se sirve en los desayunos escolares.

Sácame de aquí,
que mi sombra ya no es mía porque de tanto pisarla la he matado y desesperada me poso como un escupitajo asustado en tu costa punzante.

En el fondo del pubis hay una pila de cadáveres sin nombre y sin mandíbula pero son los dientes quiénes me han enseñado que el valor de la muerte es proporcional a su cercanía.

Habitamos en lo ajeno.

I*