martes, 23 de enero de 2018

Yo no quiero un Black Friday.


Yo no quiero un Black Friday.

Yo quiero los abrazos crujientes de mi madre que abogan por la ternura desmedida,
la sonrisa que dispara vida y se propaga en mis sobrinos,
un mensaje de mis hermanos con un simple corazón que nos recuerda tu presencia evaporada,
el corazón confiado de una amiga abriendo de par en par sus anhelos más sinceros,
y un "te amo, te quiero, te todo" de ti con tus ojos secuestrados de tanto amor.

Yo quiero vivir lejos del opio publicitario y el réquiem eterno que por las noches nos canta el capital
porque mañana tendremos que volver a trabajar estoicamente con la frente marchita para comprar una televisión de plasma sin iva y ponerla en el salón agrietado de aceite y sudor.

Porque así lejos de todo el sentido tendremos tele nueva pero la misma mugre pegada en la suela de unos zapatos viejos que ya no soportan el rocío de la intemperie.

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