martes, 23 de enero de 2018

DESHECHOS



Te cuelgan de la retina ciento setenta y cinco lámparas, acumulas en ellas el rojo menstrual que remuevo al gemir como el maullido del mar enturbiado por jabón sucio.

Me rebelo como los girasoles, doy la espalda y apuntalo al sol bajo toneladas de vidrio reciclado, me rebelo como las lenguas metálicas que rayan la espesura del cartón-cama.

Me deshago en ti como mimbre trenzado en el hocico de un perro.

Me deshago en ti como una muchedumbre esquizofrénica de piel escamada.

Y así deshecha en huracanes huecos regreso al desierto para retorcerme donde regurgitan los sin espíritu con sus manos quebradas de tabaco y vejez, con el sonido del desfibrilador en los oídos del muerto, con la contingencia de tenedores sin dueño.

Te encuentro y me rehago entre tumores de pelo negro que enhebro al atardecer mientras le pregunto a tu vientre vespertino si conoce las trincheras de ojos uterinos que habitan en el cementerio reptil de nuestros sexos.

Y tu vientre se asoma espumoso respondiendo con el soplo - suspiro de un bote de plástico al arrugarlo, recordándome todas las veces que esparcí semen por las paredes de avenidas, puentes y garajes.

Y mi vientre ensangrentado empuja hasta parir contaminación lumínica y psicofármacos en edad prematura pero los huesos, los huesos baldíos siguen perforándome de manera errática como un cactus las bragas usadas, como la vertiginosa llamarada de vómito después de ser violada, como el relámpago de las ciento setenta y cinco lámparas bajo la manta donde follamos, donde desmembramos carne caduca, donde los átomos se atornillan en cada poro, donde te aúllo el sótano mientras se ilumina la risa de una planta seca, la risa de una cebolla risueña, la risa que dinamita el ocre color muerte.

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