lunes, 10 de diciembre de 2018

Bordado

Te bordo en el pecho un alarido.
Arando en rincones encuentro la pared oscura, el reflejo opaco del rostro.
No encuentro las llaves. El hormigón pesa en los bolsillos.
Tengo miedo de que suba hasta arriba convirtiéndome en piedra.

Una piedra de lago, por favor, dentro de la tos que dispara tu risa. Una piedra insurrecta en tu mano. Una piedra con la que jueguen los niños y perros. Una piedra que pinten los ancianos. Una piedra colgada de un cuello. Te bordo en el pecho un alarido.

I*

miércoles, 5 de diciembre de 2018

LA NO MUERTE

Despiertan trozos de cristal en el pecho,
dentro hay una granada de mano envuelta en paños grises.

Caen palabras en persianas de aire, y la tierra ávida se enquista en tu boca, en todas las bocas que aúllan luz sobre el silencio perpetuo de los jazmines.

El amor cáustico con cuatro lenguas se abalanza sobre el bajo vientre, rajando el tejido, elevando el sabor de las plumas, cosiendo el tacto del miedo en ojos relampagos.

Amar(nos) es entender la no muerte. Vaciar(nos).

I*

jueves, 8 de noviembre de 2018

OVILLOS DE CARNE



Dos ovillos de carne se retuercen en la cama, esperando a los perros.
Perros hambrientos de lejía y migrañas. Hambrientos de vientres y viento.

A los lados de los ovillos de carne sólo silban cucharas de plástico y tangas de licra blanca.

Encima de los ovillos hay un desfile de niños gritando el himno de España porque tienen muchos mocos y necesitan limpiarlos.

Debajo de los ovillos de carne se encuentra un gemido de agua, el abrazo roto de corcho y el hueco de una muela muerta.

Dos ovillos de carne se retuercen en la cama, esperando a los perros. Esperando a los perros.


martes, 30 de octubre de 2018

Belleza

No me hables de belleza, cuando los ojos sangran cortezas de árboles.
Nuestras bocas alimentadas de sal y olvido sin dientes, sin lengua, cortan legañas negras.

 No me hables de belleza que el llanto de una madre, hermana, hija nunca se enjuaga en bordados de lino y plata.
Nuestros vientres se abren al cielo despejado de municiones y tabaco para soltar el aliento cosido por generaciones.

No me hables de belleza porque está escondida en el cubo de reciclaje, allí donde los hombres grises no llegan.
Nuestras manos y pies han cavado un túnel para enterrar los clavos de la frente fronteriza.

No me hables de belleza mientras sigue desfilando una hilera de dedales por camisas manchadas de tierra, azúcar y pan.
Nuestra piel impermeable se abre al sol desaliñado, con motas de ceniza y agua clara.

No me hables de belleza porque en este destierro, todas tenemos el pecho abierto como lucernas de oscuridad.

I*

Instante

Las orejas de un perro escuchando la lluvia, y la lluvia de tu boca regando mi espíritu. La eternidad nunca tendrá sitio para nosotros,  somos hijos del instante.

I*

Desentierro


Las horquillas con ojos selváticos alumbran oscuridad, y en ellos se abre una brecha invisible de labios tintados que ya no guardan calor.

Se sientan las estalactitas en hombros cargados con millones de cabezas, y unas tras otras, las cabezas se revuelven, hasta perderse en el zumbido sonriente de una mosca.

Un cráter de laureles nos brota en la cara, nos lima la frente dejando besos en el equinoccio opuesto, en la parte carnívora del pecho izquierdo.

No regresan las fotografías de infancia, los dientes caídos se acicalan caspa y  en sus balcones bordan el nombre de todos los decapitados con hojas de veinte dólares.

Abrázame la suciedad de las uñas que es difícil andar cuando la tierra muerta se clava por dentro, en el parto de un estornudo, en la textura del sexo.

Masticáme el color de pelo quemado, las orillas del ombligo mal curado, el intermitente negro  que todo lo ve y todo lo absorbe.

Vestida de aire me asomaré a tus clavos cosidos con anises rojos para desenhebrar el acolchado de los ataúdes, esos que no dejan pasar la voz. Y así por fin escucharemos el canto desconocido de los nuestros. La música sin pulso de agua y arena, la sal dorada en la saliba perdida, la canica rota dentro de una mochila.

Algo ocurre. Nos desenterramos. Nos desenterramos. Nos desenterramos.

I*

LA PARTE OSCURA DE LAS ALAS


Se rompe la luz de tu boca asfaltada, el aliento aliñado de costa y los perros encierran en sus orejas millones de reencarnaciones.

Ellos, los perros reencarnados enjendran el sonido certero de huesos descompuestos y hombres tapizados de amarillo que se tambalean pidiendo cigarros.

Esa mañana querías fumarte el aire.

Volvamos al jardín secuestrado de migrañas y disfracemos a las plantas de prostitutas porque los yonkis resucitados andarán por encima de nuestros vientres, en procesión, invocando la carne que vive en los libros.

El destino de un filete robado es un tumor en el pecho, la condensación de palabras y el colesterol tendido sobre banderitas de Nepal.

Y las bragas secas tendidas sobre aluminio se alimentan de lombrices y los pájaros las regurgitan en cada esquina, hasta dejar la etiqueta bañada en el blanco de los ojos.

La silla tiene una cabeza enorme que nos arrastra al dolor alarido y mojado, con ese sabor húmedo que sólo esconden los ángeles en la parte oscura de las alas, la parte donde acumulan el llanto de todas las plegarias no escuchadas.

Esa mañana el aire te fumó a ti.

I*

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Esbozos



El rostro se nos desdibuja, tenemos pétalos grises por dientes y dos alfombras de lino en los ojos.

 El bostezo de un perro invoca al sonido del frío y las lunas nos tocan suave el pelo para comérselo. Una vez en su estómago, todas ellas cantan canciones de agua.

Las luces lloran en silencio por esas piedras rojas dormidas en brazos arrugados de tiempo,
y el tiempo teñido de techo nos hace un hueco en los lápices regalados.

Los lápices que acumulamos en la punta de los pies, los que trazan líneas en la suela de nuestros pasos.

La otra pared torcida engulle cascadas de fuego nepalí porque el viento desliza días que dejamos para los niños de vientre redondo, hinchados de hambre y basura.

Aúllame en la orilla negra de estrías donde duermen los nombres perdidos y manchados. Los nombres que nunca nacen ni mueren, los nombres que no nos pertenecen.

Aúllame en el cráter astillado de puntas finas que el vello resopla y rema. Porque es el único lugar donde las huellas se abrazan unas a otras.

Porque es el único lugar. Unas a otras.

I*

viernes, 10 de agosto de 2018

ABORTO

Caen los últimos trozos de pan en la boca aguada del Monarca redondo. Y la prisa, prisa que te chafa y aplasta con un millón de papeles atragantados y sin picaporte con un rayo de perfume atravesando tu preciosa aura impoluta de recetas médicas. Lo han escrito por las paredes de la ciudad. Están llamando a las puertas de las casa, van a ser puestos en cuarentena. Que nadie secuestre nada, ya lo hace la muerte por todas nosotras. Freud se sienta. Me mira. Soy una histérica, la hija suprema de las perras. No debería abrir mi barrera roja pero quiero que entre una masa de pelo moldeado en la pistola de tus piernas. Poesía. La venas desgastadas del viento. Se aparece la Virgen ha tenido un aborto. Fundido en negro. Llámame cuando puedas quiero tu lengua lenta saborenado el eclipse violeta del cosmos materno. Pero no se puede atravesar el vagón de tren sin gritarles a todos esos hijos de puta que andan con fajos de billetes y heroína. Lotería fresca y cinco manzanas podridas sobre la mesa, puestas en cruz. Puestas en cruz.

I*

KINTSUKUROI (tatuado en mi brazo)


En el recinto cerrado del tórax junto a las cerillas húmedas,
en el lugar de peregrinación vertical lleno de serrín sucio y fábricas de leche, allí
vas a encontrar unos zapatos vacíos, dos manos de metal y tres cigarras en un concierto de jazz.

No me llames por mi nombre.
No es mío. Los nombres dados no nos pertenecen.

Mudamos la parte más extraña de nosotros en bien del ojo atornillado porque las paredes vacías tienen la belleza del opio. Y en tu boca la droga resbala y mi clítoris pestañea hasta silbar oscuridad.

El ancla azabache se clava en la parte más honda del estómago haciendo del cosquilleo con piel de dardo un abrazo de azulejos perdidos. Toma. Aquí lo tienes. Coge tu trozo. Coge tu dardo. Ahora date la vuelta.

Ahora sí.

Apaguemos el interruptor y construyamos un mosaico. 


Y DIOS DIJO

Regresa el musgo a crecer en papel pero no
regresa American Beauty ni el vaivén del tráfico. Compulsivamente masticamos polvo y glutamato mientras el olimpo nos envuelve caca al cincuenta por ciento de descuento. Y joder, como le gusta la coprofagia a los símbolos pero tus aullidos etílicos en mis trompas hacen música new age en el Dharma. ¿Ves qué fácil? La seguridad es seguir la norma y la norma es un niño sin pito muy esquelético con manchas verdes sin luz ni párpados ni palabra. Y Dios, Dios desnuda con tres perros mamando, sin las cejas depiladas y con cuatro cigarrillos en sus cuatro manos dijo: 《Apagadlo todo que las plumas os crecen en el punto rojo de la frente, allí dónde quemé los aerosoles del último yonki》.

I*

viernes, 29 de junio de 2018

LA PIEL

En la obscenidad del《no》estrangulado anidan niños pescadores de sueños y de sus ojos se derrama una lágrima hecha de pan dulce.

En el ardor de estómago acolchado sobre pupilas lagarto maceradas con el cariño de cien bueyes pardos se alimentan las pequeñas bocas rotas de bocados y metralla.

En el amor de los pájaros tras la legumbre lúgubre que el suelo aplasta con su impunidad terrestre y polvorienta, porque la comida de los pobres es dos veces pobre.

Regurgitan deshechos de mármol bien tallado con caracolas lúcidas de aceite y caricias en el brazo abrazado de montones de barro.

Y se planta un agujero en la sien de cosquillas tatuadas que dejó madre
sobre la piel instantánea,
la piel que cubre el débil susurro del miedo,
la piel que arruga legañas
y con un soplo de arroz sostiene la llama gris del punto cruzado en el alma.

La piel que todo lo esconde.

lunes, 4 de junio de 2018

RELÁMPAGO



Estamos abrazados al aliento del relámpago,
en las comisuras de libros ahuecados con tez muerta,
tras una deidad oculta en cuerpos domesticados por la palabra.

He descubierto que vivimos en la casa roja y sus ventanas abiertas están agrietadas por el silbido de sangre nómada.

En lo que dura un pésame crecen lenguas arrancadas de sus maceteros y los gatos las persiguen en el olor a quemado que deja la lluvia.

Sobre la piel del rayo se abre paso una voz tibia que acaricia cabinas telefónicas y tinte para zapatos.

El aliento del relámpago nacido de una arcada en infusiones de liendres y el habla oscilante de los huesos que dormita el calor añil del fuego.

Porque el perro azul nos protege de una libre condena que los antepasados trazaron en las líneas de la mano.

Me convierto en túneles de hierba y masa ósea de respiración mecánica alimentada del champú que viste océanos.

Y después de barrer todos los lados del estómago, con trozos de cristal en el pelo y jardines brotando en botones,
vuelvo para enhebrar otras huellas y aprender lo que nadie enseña.

jueves, 10 de mayo de 2018

Volviendo



Antes de dejar en pausa los pétalos de lluvia y reconstruir con migajas el espejo roto en abanicos de sal
sobre la intemperie de brazos abiertos en cruz que soportan la tortura de los dientes rechinados,
antes de eso, vida,
están las hojas empujado al aire y arrastrando el pelo hacia la taquicardia trémula.

Volviendo a la quietud de niños recién despertados del fuego con sus manitas en reposo pidiendo agua.

Volviendo a la cortina de ducha convertida en alambrada que pincha nuestros cuerpos pegados sobre vientres de azulejos.

Puedo decir, volviendo a todo eso, vida,
que entre juncos de neón y parches de nicotina,
el sudor acumulado te ha hecho entrar en mí de una forma sagrada:

Y puedo sentir
la piel misteriosa de los pájaros,
aquellos que envuelven su mirada rasgada en el viento,
ese que bajo su manto nos hace uno.

I*

viernes, 20 de abril de 2018

Adentro



Nos doblamos sobre los cauces chirriantes de avenidas dejando marcas en la piel de árboles prefabricados que anidan en pequeños restos de una mandíbula doblada sobre sí, haciendo de la dentadura el rincón perfecto donde morir.

Elegimos doblarnos hasta ser el lápiz que perfora pezones, la astilla de la memoria enferma, los puntos de sutura mal enhebrados que saltan en ese calor oscuro al rozarnos.

Nos arrodillamos sobre el manto negro de la tierra recién movida que escupe en sus manos el humo blanco de lo que fue un cuerpo, lo que fue recipiente de encías nómadas y uñas blandas.

Hemos creado un puente ungido de fluidos vaginales con todas las niñas sin vida asomando sus brazos y piernas, pidiendo a gritos la bendición sagrada de los astros porque ellas no eligen ni se arrodillan, ellas en su agonía se doblan y solo piden que la luz no se encienda.

Descansemos las rodillas no elegidas, la doblez de los intestinos enredados, el aliento seco del féretro. Descansemos sobre compresas de silencio que a veces el grito enmudecido llega más adentro de los muertos.



miércoles, 11 de abril de 2018

El pecho desalambrado

Dejamos la bolsa a orillas del container que exhibe sus rostros color droga y en el fondo se hunden tres perras todavía desbordando sal rosada por las mamas.

Nos preguntan dónde alcanzan las pisadas de los que clavan la tierra más adentro de los huesos, de los que tenemos arcilla por arterias.

Nos damos la vuelta arrugando el rostro que se nos ha dado, pensando en las miles de caras que podriamos haber tenido.

Nos damos la vuelta porque tu voz recoge los restos en la gruta convertida hocico, en las compresas empapadas de rocío, en esas mañanas que las cajoneras cerradas nos muerden las uñas.

Parece que necesitamos una respuesta y es que no hay alunizaje tan grande para romper el embalaje del mundo por eso nos recostamos en el pecho desalambrado que como un relámpago dormido nos desviste a la intemperie para retroceder eternamente a la implosión del abrazo.

jueves, 29 de marzo de 2018

CONTRACCIONES



Nacidas en el barro sobre horizontes de crucifijos metálicos con los nudillos desgastados de acariciar el lomo ahumado de las nubes.

Nacidas en el seno negro de la plata deslucida, dentro del polvo acumulado sobre el ácido de la orina, en el lienzo bautismal de los huesos.

Nacidas entre amasijos de cables hacinados sobre fachadas vírgenes que fusilan sostenes en sus cauces desterrados.

Nacidas en la amarillenta mecha que amamanta esfinges sonámbulas en campos de trigo jamás arados.

Nacidas en bocas enllagadas de almíbar y granos de café que acurrucan legañas  donde se esconden cementerios de árboles.

Nacidas en mástiles desnudos sobre el canto tembloroso de perros ahorcados con bolsas de plástico en el hedor de la periferia.

Nacidas en el grito sordo de linternas apiladas que centrifugan rostros hasta dejarnos de regreso al ombligo recién cortado.

Nacidas para no seguir naciendo en una tela angosta de nada.

Nacidas para seguir naciendo sobre los recovecos de una costilla que siempre fue NUESTRA.

I*

PARA Kittihawa du Sable.

Proporciones


En el fondo del pubis hay una columna vertebral donde los desconocidos se convierten en familia y el aliento descalzo de las niñas cubre los rostros con cirios rosados que arrastran sobre carne avivada.

A lado de los márgenes, en el hollín de la no respuesta, en el brazo de la música no pautada, detrás de todo eso hay terrazas de hojas blanquecinas y otros niños despeinados con sus madres roedoras olfateando sin descanso el cabello traspuesto.

El regreso es un intermitente extraviado en este lugar hostil donde aniquilan toda ninfomanía publicitaria y el mejor whisky se sirve en los desayunos escolares.

Sácame de aquí,
que mi sombra ya no es mía porque de tanto pisarla la he matado y desesperada me poso como un escupitajo asustado en tu costa punzante.

En el fondo del pubis hay una pila de cadáveres sin nombre y sin mandíbula pero son los dientes quiénes me han enseñado que el valor de la muerte es proporcional a su cercanía.

Habitamos en lo ajeno.

I*

miércoles, 7 de febrero de 2018

Cansancio

Estoy cansada de ser poeta, de intentar demostrar algo continuamente, de salir ante un micrófono y que la gente mire más mi ropa que mis palabras.

Estoy cansada de compartir mi ego.
Estoy cansada de todo ese mamoneo que circula en los alrededores.
Estoy cansada de escribir para todos y para nadie.
Estoy cansada de que mis palabras se malinterpreten.
Cansada del número de visitas en los vídeos de YouTube.
Cansada de los atriles inestables y de que se nos pague con bebida gratis.
La poesía no me cansa, los poetas, el ser poeta sí que cansa.
Cansada de creeme más que nadie cuando nací de los nadie.
Estoy cansada de este cansancio, de mantener mis redes sociales, de mirar los números de "me gusta" en un poema, de conseguir followers, de querer ser viral para reafirmar mi autoestima.
Estoy cansada de escucharme decir si esto es o no poesía. Estoy cansada de los juicios que me hago a mi misma.
Tengo derecho al cansancio.

Porque en el fondo no me canso de ser poeta o de aparentarlo.

Estoy cansada de mí.

miércoles, 31 de enero de 2018

LA ROPA DE LOS MUERTOS

Nadie habla con la ropa de los muertos, la que se queda callada y angosta mientras una falsa calma incendia los párpados ágiles del viento enmarañado.

Me entrego a la contemplación lúcida de los astros opacos sin brillo,
me entrego al gran vómito de la hierba mal crecida por la gracia purificada de las multinacionales,
me entrego a la abolición de las leyes judiciales mal dictaminadas,
me entrego a los finales inconclusos de las orejas oníricas en los que ya no caben pendientes porque la ceniza redujo su forma.

Los antepasados con sus antebrazos forman un círculo invocando sus ropas, las que ya no existen ni afloran en los tendederos desgarrdos de las fincas afiladas por la masacre capitalista.

Los antepasados enhebran nuestros ombligos , y allí estamos vistiéndote y escogemos de nuevo la camisa violeta porque los muertos no pueden elegir su ropa,
y allí estamos vistiéndote porque la ropa ya no es tuya si no nuestra,
y allí estamos vistiéndote porque tenemos nudos de sal atados en la garganta que guardan tu nombre en cada prenda de vestir,
y allí estamos vistiéndote hasta que un día podamos vaciar el armario que mamá sigue abriendo para admirarte suspendido de un beso tibio en la frente llena de arrugas como el oleaje del mar enturbiado, como el relámpago gris que anida en el remolino de los ojos cerrados como tu boca tapiada convertida en arena.

Y allí estamos vistiendo eternamente a los nuestros porque nadie, ya nadie  habla con la ropa de los muertos.


martes, 23 de enero de 2018

Para los días que no nos vemos

Para los días que no nos vemos
tengo dos amapolas blancas que surcan el brillo crudo del alma,
el rincón recóndito de los relojes sin cuerda, ya que la cordura está mejor estropeada.

Para los días que no nos vemos
tengo un racimo de uva colgando del pecho abierto esperando a que el telediario proclame la paz en oriente medio.

Para los días que no nos vemos
abro en canal un libro que luego desaparece desfilando entre las manos agrietadas de clamor y cansancio.

Para los días que no nos vemos
convierto el negro en un lazo de lirios que se mecen silbando de locura en los puentes de madera que unen la mañana venidera.

Para los días que no nos vemos
tengo cien ojos y uno muerto por si los demás se escapan y es sólo así como recuerdo verte frente a las luces precarias de la belleza.

Yo no quiero un Black Friday.


Yo no quiero un Black Friday.

Yo quiero los abrazos crujientes de mi madre que abogan por la ternura desmedida,
la sonrisa que dispara vida y se propaga en mis sobrinos,
un mensaje de mis hermanos con un simple corazón que nos recuerda tu presencia evaporada,
el corazón confiado de una amiga abriendo de par en par sus anhelos más sinceros,
y un "te amo, te quiero, te todo" de ti con tus ojos secuestrados de tanto amor.

Yo quiero vivir lejos del opio publicitario y el réquiem eterno que por las noches nos canta el capital
porque mañana tendremos que volver a trabajar estoicamente con la frente marchita para comprar una televisión de plasma sin iva y ponerla en el salón agrietado de aceite y sudor.

Porque así lejos de todo el sentido tendremos tele nueva pero la misma mugre pegada en la suela de unos zapatos viejos que ya no soportan el rocío de la intemperie.

Me hago brecha


Él no me mira,
me traspasa.
Y yo le hago lo mismo:
Le traspaso una y otra vez como si el alma se pudiese tocar.


***

Emerge de nosotros una madriguera de agua
que riega los altares de mármol en los que se aplian yonkis
todos llevan tatuajes en las alas,
plumas punzantes rodean sus cabezas, las agujas son amuletos de cuarzo.

Los hilos erráticos construyen túneles de zapatos,
y las suelas eclosionadas besan la contaminación de los bolígrafos mudos
mientras la tinta aborta en la corteza ajena de una arboleda
en el suspiro amazónico que nace sobre el bajo vientre de las madres.

Me hago brecha.

Me hago brecha en la línea troceada que destroza el papel mojado,
me hago brecha en el gemido de un perro durmiente de párpados mordidos,
me hago brecha en la náusea del tráfico que tirita canciones de polvo blanco.

Cubrimos de guantes rotos todas las esquinas del espejo
para no tener que despertar a las cuerdas invisibles que nos sujetan el cuerpo.

ALLÍ, EN ESOS LUGARES


En cada bloque de hormigón que sujeta los cimientos del alma,
en el rincón de los libros ya violadamente leídos,
en las toallas limpias que desdoblo para enjuagarme el rostro,
en las perchas vacías que resguardan los vestidos del aire,
en las pestañas postizas que sostienen la mirada aguada,
en los óvulos retorcidos que otro mes se escapan por el desagüe,
en la contienda ilegal de un supermercado pakistaní,
en el olor virgen de los cigarros,
en las baldosas baldías por las que ya nadie camina,
en la figura de un barco tallado en mármol,
en la esquina torcida del vello creciente,
en el pecho cubierto de dientes arremolinados,
en los fusiles oxidados de los últimos de filipinas,
en las carteras abarrotadas de fotografías y recuerdos,
en la demolición de los sueños susurrados en el oído interno.

Allí, en esos lugares de la inhóspita cotidianeidad,
allí, en esos lugares de jarrones, manteles y paños,
allí, en esos lugares de jazmines y veranos, inviernos y grietas.

Allí, en esos lugares en continúa mudanza, te abrazo, padre.

TE TODO

Las hormigas se acumulan en la mirada horizonal del cuerpo, en ese otro lagrimal que escarba hacia lo hondo.

El invierno nos deja abrir los vientres y traspasar besos a la piel muerta que las orugas dejan después de amarse.

La mitad roja que nos separa sabe doblarse hasta convertirse en eso sin nombre que empuja, retuerce y amansa.

El condón umbilical lo arrastramos a modo de batín mientras nos coronamos reyes del mañana frente a espejos de luz.

El desbordamiento es llegar hasta aquí en el cauce de tu ser y el mío, en el borde fino donde se hacen el amor nuestras fronteras, donde el océano se agita hasta caer en los fogones de la cocina.

Te todo, todo el tiempo en la nada tan absolutamente nuestra,
en la nada que grita detrás de las cortinas que no tenemos,
en la nada que dormita en el bote medio vacío de suavizante,
en la nada que nos recubre el rostro con su manto convirtiéndonos en sus hijos,
y no podemos dejar de cantarle a cántaros con una ráfaga de rieles
que nos sostienen en la cúspide atmosférica de nuestros ombligos.

Te todo, todo el tiempo en la nada tan absolutamente nuestra,
en la nada que habita sobre las torres de cigarros ajenos,
en la nada que descuelga el teléfono y llama a otra nada,
en la nada que acumula el polvo de incienso para esnifarlo descalza,
y no podemos dejar de rezarle sin zapatos con las manos cortadas por la fina llama que nos cruza allá dentro, en la nada que todo lo hace nuestro.

ÁRBOLES FUSILADOS

Todas las mañanas fusilan a los árboles de la ciudad.
Desnudos nos contemplamos.
Cadáver frente a cadáver.

Las esquinas de mi cuerpo como
polvo de incienso en los dientes de una pantera negra.

Las esquinas de mi cuerpo como el cóctel molotov en manos de un niño soldado.

Nosotras las embarazadas de la nada rompemos el cordón umbilical que nos asfixia.

Nosotras las embarazadas de la nada abortamos crucifijos y el salario mínimo.

Los muertos nos reviven de la rutina rociándonos de saliva fértil mientras las semillas siguen exterminado al avispero ávido que habita en las bocas abiertas que se besan hasta ser arena.

Todas las mañanas fusilan a los árboles de la ciudad.
Desnudos nos contemplamos.
Cadáver frente a cadáver.

DESHECHOS



Te cuelgan de la retina ciento setenta y cinco lámparas, acumulas en ellas el rojo menstrual que remuevo al gemir como el maullido del mar enturbiado por jabón sucio.

Me rebelo como los girasoles, doy la espalda y apuntalo al sol bajo toneladas de vidrio reciclado, me rebelo como las lenguas metálicas que rayan la espesura del cartón-cama.

Me deshago en ti como mimbre trenzado en el hocico de un perro.

Me deshago en ti como una muchedumbre esquizofrénica de piel escamada.

Y así deshecha en huracanes huecos regreso al desierto para retorcerme donde regurgitan los sin espíritu con sus manos quebradas de tabaco y vejez, con el sonido del desfibrilador en los oídos del muerto, con la contingencia de tenedores sin dueño.

Te encuentro y me rehago entre tumores de pelo negro que enhebro al atardecer mientras le pregunto a tu vientre vespertino si conoce las trincheras de ojos uterinos que habitan en el cementerio reptil de nuestros sexos.

Y tu vientre se asoma espumoso respondiendo con el soplo - suspiro de un bote de plástico al arrugarlo, recordándome todas las veces que esparcí semen por las paredes de avenidas, puentes y garajes.

Y mi vientre ensangrentado empuja hasta parir contaminación lumínica y psicofármacos en edad prematura pero los huesos, los huesos baldíos siguen perforándome de manera errática como un cactus las bragas usadas, como la vertiginosa llamarada de vómito después de ser violada, como el relámpago de las ciento setenta y cinco lámparas bajo la manta donde follamos, donde desmembramos carne caduca, donde los átomos se atornillan en cada poro, donde te aúllo el sótano mientras se ilumina la risa de una planta seca, la risa de una cebolla risueña, la risa que dinamita el ocre color muerte.